4.1.10

Letra propia


Me ha atravesado un ave
y he sentido en el cuello
el tronco de aire de su cresta oscura

paramento ilusorio
en la que mi utopía espera

se aguarda ver colgado de una rama
un cuerpo ejecutado
bailando infelizmente sin poder ya cantarle al viento.

28.12.09

Carta Abierta a Glenda - Julio Cortázar



Querida Glenda, esta carta no le será enviada por las vías ordinarias porque nada entre nosotros puede ser enviado así, entrar en los ritos sociales de los sobres y el correo. Será más bien como si la pusiera en una botella y la dejara caer a las aguas de la bahía de San Francisco en cuyo borde, se alza la casa desde donde le escribo, como si la atara al cuello de una de las gaviotas que pasan como latigazos de sombra frente a mi ventana y oscurecen por un instante el teclado de esta máquina. Pero una carta de todos modos dirigida a usted, a Glenda Jackson, en alguna parte del mundo que probablemente seguirá siendo Londres; como muchas cartas, como muchos relatos, también hay mensajes que son botellas al mar y entran en esos lentos, prodigiosos sea-changer que Shakespeare cinceló en La Tempestad y que amigos inconsolables inscribirían tanto tiempo después en la lápida bajo la cual duerme el corazón de Percy Bysahe Shelley en el cementerio de Cayo Sextio, en Roma. Es así, pienso, que se operan las comunicaciones profundas, lentas botellas errando en lentos mares, tal como lentamente se abrirá camino esta carta que la busca a usted con su verdadero nombre, no ya la Glenda Garson que también era usted, pero que el pudor y el cariño cambiaron sin cambiarla, exactamente como usted cambia sin cambiar de una película a otra. Le escribo a esa mujer que respira bajo tantas máscaras, inclusa la que yo inventé para no ofenderla y le escribo porque también usted se ha comunicado ahora conmigo debajo de mis máscaras de escritor; por eso nos hemos ganado el derecho de hablarnos así, ahora que sin la más mínima posibilidad imaginable acaba de llegarme su respuesta, su propia botella al mar rompiéndose en las rocas de esta bahía para llenarme de delicia en la que por debajo late algo como el miedo, un miedo que no acalla la delicia, que la vuelve pánica, la sitúa fuera de toda carne y de todo tiempo como usted y yo sin duda lo hemos querido cada uno a su manera. No es fácil escribirle esto porque usted no sabe nada de Glenda Garson, pero a la vez las cosas ocurren como si yo tuviera que explicar inútilmente algo que de algún modo es la razón de su respuesta; todo ocurre como en planos diferentes, en una duplicación que vuelve absurdo cualquier procedimiento ordinario de contacto; estamos escribiendo o actuando para terceros, no para nosotros, y por eso esta carta toma la forma de un texto que será leído por terceros y acaso jamás por usted, o tal vez por usted pero solo en algún lejano día, de la misma manera que su respuesta ya ha sido conocida por terceros mientras que yo acabo de recibirla hace apenas tres días y por un mero azar de viaje. Creo que si las cosas ocurren así, de nada serviría intentar un contacto directo; creo que la única posibilidad de decirle esto es dirigiéndole una vez más a quienes van a leerlo como literatura, un relato dentro de otro, una coda o algo que parecía destinado a terminar con ese perfecto cierre definitivo que para mi deben tener los buenos relatos. Y si rompo la norma, si a mi manera le estoy escribiendo este mensaje, usted que acaso no lo leerá jamás es la que me está obligando, la que tal vez me está pidiendo que se lo escriba. Conozca, entonces, lo que no podía conocer y sin embargo conoce. Hace exactamente dos semanas que Guillermo, Shavelson, mi editor en México, me entregó los primeros ejemplares de un libro de cuentos que escribí a lo largo de estos últimos tiempos y que lleva el título de uno de ellos, Queremos tanto a Glenda. Cuentos en español, por supuesto, y que sólo serán traducidos a otras lenguas en los próximos años, cuentos que esta semana empiezan apenas a circular en México y que usted no ha podido leer en Londres, donde por lo demás casi no se me lee y mucho menos en español. Tengo que hablarle de uno de ellos sintiendo al mismo tiempo, y en eso reside el ambiguo horror que anda por todo esto, lo inútil de hacerlo, porque usted, de una manera que solo el relato mismo puede insinuar, lo conoce ya; contra todas las razones, contra la razón misma, la respuesta que acabo de recibir me lo prueba y, me obliga a hacer lo que estoy haciendo frente al absurdo, si esto es absurdo, Glenda, y yo creo que no lo es aunque ni usted ni yo podamos saber lo que es. Usted recordará entonces, aunque no puede recordar algo que nunca ha leído, algo cuyas páginas tienen todavía la humedad de la tinta de imprenta, que en ese relato se habla de un grupo de amigos de Buenos Aires que comparten, desde una furtiva fraternidad de club, el cariño y la admiración que sienten por usted, por esa actriz que el relato llama Glenda Garson, pero cuya carrera teatral y cinematográfica está indicada con la claridad suficiente para que cualquiera que lo merezca pueda reconocerla. El relato es muy simple: los amigos quieren tanto a Glenda que no pueden tolerar el escándalo de que algunas estén por debajo de la perfección que todo gran amor postula y necesita, y que la mediocridad de ciertos directores enturbie lo que sin duda usted había buscado mientras las filmaba. Como toda narración que propone una catarsis, que culmina en un sacrificio lustral, éste se permite transgredir la verosimilitud en busca de una verdad más honda y más última; así, el club hace lo necesario para apropiarse de las copias de las películas menos perfectas y las modifica allí donde una mera supresión o un cambio apenas perceptible en el montaje repararán las imperdonables torpezas originales. Supongo que usted, como ellos, no se preocupa por las despreciables imposibilidades prácticas de una operación que el relato describe sin detalles farragosos; simplemente la fidelidad y el dinero hacen lo suyo, y un día el club puede dar por terminada la tarea y entrar en el séptimo día de la felicidad. Sobre todo de la felicidad porque en ese momento usted anuncia su retiro del teatro y del cine, clausurando y perfeccionando sin saberlo una labor que la reiteración y el tiempo hubieran terminado por mancillar. Sin saberlo... Ah, yo soy el autor del cuento, Glenda, pero ahora ya no puedo afirmar lo que me parecía tan claro al escribirlo. Ahora me ha llegado su respuesta, y algo que nada tiene que ver con la razón me obliga a reconocer que el retiro de Glenda Garson tenía algo de extraño, casi de forzado, así, al término justo de la tarea del ignoto y lejano club. Pero sigo contándole el cuento aunque ahora su final me parezca horrible puesto que tengo que contárselo a usted, y es imposible no hacerlo puesto que está en el cuento, puesto que todos lo están sabiendo en México desde hace diez días y sobre todo porque usted también lo sabe. Simplemente, un año más tarde Glenda Garson decide retornar al cine, y los amigos del club leen la noticia con la abrumadora certidumbre de que ya no les será posible repetir un proceso que sienten clausurado, definitivo. Solo les queda una manera de defender la perfección, el ápice de la dicha tan duramente alcanzada. Glenda Clarson no alcanzará a filmar la película anunciada, el club 'hará lo necesario y para siempre. Todo esto, usted lo ve, es un cuento dentro de un libro, con algunos ribetes de fantástico o de insólito, coincide con la atmósfera de los otros relatos de ese volumen que mi editor me entregó la víspera de mi partida de México. Que el libro lleve ese título se debe simplemente a que ninguno de otros cuentos tenía para mí esa resonancia un poco nostálgica y enamorada que su nombre y su imagen despiertan en mi vida desde que una tarde, en el Aldwych Theater de Londres, la vi fustigar con el sedoso látigo de sus cabellos el torso, desnudo del marqués de Sade; imposible saber, cuando elegí ese título para el libro que de alguna manera estaba separando el relato del resto y poniendo toda su carga en la cubierta, tal como ahora en su última película que acabo de ver hace tres días aquí en San Francisco, alguien ha elegido un título, Hopscotch, alguien que sabe que esa palabra se traduce por Rayuela en español. Las botellas han llegado ha destino, Glenda, pero el mar en el que derivaron no es el mar de los navíos y de los albatros.Todo se dio en un segundo, pensé irónicamente que habla venido a San Francisco para hacer un cursillo con estudiantes de Berkeley y que íbamos a divertirnos ante la coincidencia del titulo de esa película y el de la novela que seria uno de los temas de trabajo. Entonces, Glenda, vi la fotografía de la protagonista y por primera vez fue el miedo. Haber llegado de México trayendo un libro que se anuncia con su nombre, y encontrar su nombre en una película que se anuncia con el título de uno de mis libros, valía ya como una bonita jugada del azar que tantas veces me ha hecho jugadas así; pero eso no era todo, eso no era nada hasta que la botella se hizo pedazos en la oscuridad de la sala y conocí la respuesta, digo respuesta porque no puedo ni quiero creer que sea una venganza. No es una venganza si no un llamado al margen de todo lo admisible, una invitación a un viaje que solo puede cumplirse en territorios fuera de todo territorio. La película, desde ya puede decir que despreciable se basa en una novela de espionaje que nada tiene que ver con usted o conmigo, Glenda, y precisamente por eso sentí que detrás de esa trama más bien estúpida y cómodamente vulgar se agazapaba otra cosa, impensablemente otra cosa puesto que usted no podía tener nada que decirme y a la vez sí, porque ahora usted era Glenda Jackson y, si había aceptado filmar una película con ese título, yo no podía dejar de sentir que lo había hecho desde Glenda Garson, desde los umbrales de esa historia en la que yo la habla llamado as!. Y que la película no tuviera nada que ver con eso, que fuera una comedia de espionaje apenas divertida, me forzaba a pensar en lo obvio, en esas cifras o escrituras secretas que en una página de cualquier periódico o libro previamente con venidos remiten a las palabras que transmitirán el mensaje para quien conozca la clave. Y era así, Glenda, era exactamente así. ¿Necesito probárselo cuando la autora del mensaje está más allá de toda prueba? Si lo digo es para los terceros que van a leer mi relato y ver su película, para lectores y espectadores que serán los ingenuos puentes de nuestros mensajes: un cuento que acaba de editarse, una película que acaba de salir, y Ahora esta carta que casi indeciblemente los contiene y los clausura. Abreviaré un resumen que poco nos interesa ya. En la película usted ama a un espía que se ha puesto a escribir un libro llamado Hopscotch a fin de denunciar los sucios tráficos de la CIA, del F.B.I. y del K.G.B., amables oficinas para las que ha trabajado y que ahora se esfuerzan por eliminarlo. Con una lealtad que se alimenta de ternura usted lo ayudará a fraguar el accidente que ha de darlo por muerto frente a sus enemigos; la paz y la seguridad los esperan luego en algún rincón del mundo. Su amigo publica Hopscotch, que aunque no es mi novela deberá llamarse obligadamente Rayuela cuando algún editor de "best sellers" la publique en español. Una imagen hacía el final de la película muestra ejemplares del libro en una vitrina, tal como la edición de mi novela debió estar en algunas vitrinas norteamericanas cuando Pantheon Books la editó hace años. En el cuento que acaba de salir en México yo la maté simbólicamente, Glenda Jackson, y en esta película usted colabora en la eliminación igualmente simbólica del autor de Hopscotch. Usted como siempre es joven y bella en la película, y su amigo es viejo y escritor como yo. Con mis compañeros del club entendí que solo en la desaparición de Glenda Garson se fijaría para siempre la perfección de nuestro amor; usted supo también que su amor exigía la desaparición para cumplirse a salvo. Ahora, al término de esto que he escrito con el vago horror de algo igualmente vago, sé de sobra que en su mensaje no hay venganza sino una incalculablemente hermosa simetría, que el personaje de mi relato acaba de reunirse con el personaje de su película porque usted lo ha querido así, porque solo ese doble simulacro de muerte por amor podía acercarlos. Allí, en ese territorio fuera de toda brújula, usted y yo estamos mirándonos, Glenda, mientras yo aquí termino esta carta y usted en algún lado, pienso que en Londres, se maquilla para entrar en escena o estudia el papel para su próxima película.

22.12.09

Joseph Brodsky



Poeta ruso nacido en San Petersburgo en 1940.
De formación autodidacta, reconoció la influencia que en él ejercieron los poetas clásicos, los metafísicos ingleses y los poetas polacos modernos, además de Proust, W. H. Auden y Herman Melville.
Acusado de "parasitismo social", fue encarcelado durante dieciocho meses a la edad de veinticuatro años.
En 1972 emprendió el camino al exilio, obteniendo la nacionalidad estadounidense en 1977.
Sus "Poemas selectos", que reúnen una importante colección de su poesía, se publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de "Partes de la oración" en 1980 e Historia del siglo XX en 1986.
En 1981 obtuvo una beca de la Fundación MacArthur, y en 1987 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.



En 1962 el poeta Joseph Brodsky inició lo que se convertiría en un ritual: escribir cada año entre diciembre y enero al menos un poema que celebrara la Navidad. Una tradición personal urdida por uno de los mayores poetas judíos de la historia de la literatura. Fueron contados los años en los que Brodsky no cumplió con esta ceremonia. La primera interrupción, ocurrida en 1964, se debe a un hecho extremadamente desafortunado. Recordemos que ese año Brodsky fue acusado por el gobierno ruso de “parasitismo social” y condenado a cinco años de trabajos forzados en un campo penitenciario de Arjanguelks. Gracias a la fuerte presión ejercida por la intelectualidad occidental, especialmente la inglesa y la norteamericana, Brodsky fue indultado cuando había cumplido una tercera parte de la condena. En 1972 salió al exilio pasando una breve temporada en Londres y otra en Viena antes de asentarse definitivamente en Estados Unidos como profesor universitario. A partir de 1973 los poemas de Navidad fueron escritos casi todos en Venecia, ciudad que el poeta visitaba sin falta cada fin de año. En ella veía reflejada, como en un espejo, a su natal San Petersburgo, también conocida como La Venecia del Norte. Brodsky murió en Nueva York en 1996, y por expresa voluntad, sus restos fueron trasladados al cementerio veneciano de San Miguel, desde donde se divisa plena de belleza a La Perla del Adriático. El último de estos singulares textos navideños está firmado en diciembre 1995. Tardó 33 años en darle cuerpo al libro, los mismos que durara la vida de Cristo, “dando vueltas por la habitación como un chamán, enrollando su vacío como un ovillo, para que su alma supiera algo que sabe Dios”. He aquí el primero de esta serie de poemas.



CANCIÓN DE NAVIDAD

a Yevgueni Rein, con afecto



Flota en una pena inexplicable,

entre inmensidades de ladrillo,

una barquita nocturna, siempre encendida,

por el jardín de Alejandro,

farolito en la noche solitario,

como una rosa amarilla,

sobre las cabezas de sus enamorados,

bajo los pies de quienes pasan.



Flota en una pena inexplicable

el zumbido de un coro de sonámbulos y borrachos.

En la capital, un extranjero

tomó triste una foto por la noche,

y salió a la Ordynka

un taxi con pasajeros enfermos,

y los muertos están de pie,

abrazando los palacios.



Flota en una pena inexplicable

un triste cantante por la capital,

y junto a un puesto de petróleo,

un portero triste de cara redonda,

por la calle grisácea corre

un amante viejo y guapo.

Un tren de medianoche, recién casado,

flota en una pena inexplicable.



Flota en las brumas del Zamoskvorechie

un nadador casual hacia la infelicidad,

el acento judío recorre

la escalera triste y amarilla,

y entre amor y tristeza

en Nochevieja, víspera de domingo,

flota sin mostrar su pena

la bella del barrio.



Flota en los ojos la noche fría;

tiemblan copos de nieve en el vagón,

viento helado, viento pálido

ceñirá rojas palmas de las manos,

y se vierte miel de luces de ocaso

y huele a mazapán dulce,

y la Nochebuena trae un pastel nocturno

sobre su cabeza.



Sobre una ola azul oscuro,

en el mar de la ciudad,

flota tu año Nuevo en una pena inexplicable,

como si la vida empezara de nuevo,

como si hubiera luz y gloria,

un día feliz con pan de sobra,

como si la vida fuera a la derecha,

después de haber oscilado hacia la izquierda.

-1962-

17.12.09

Jaime Sabines



¿Qué putas puedo?

Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?
¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?
¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?
¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?
¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?
¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?
¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?

*

Codiciada, prohibida...

Codiciada, prohibida,
cercana estás, a un paso, hechicera.
Te ofreces con los ojos al que pasa,
al que te mira, madura, derramante,
al que pide tu cuerpo como una tumba.
Joven maligna, virgen,
encendida, cerrada,
te estoy viendo y amando,
tu sangre alborotada,
tu cabeza girando y ascendiendo,
tu cuerpo horizontal sobre las uvas y el humo.
Eres perfecta, deseada.
Te amo a ti y a tu madre cuando estáis juntas.
Ella es hermosa todavía y tiene
lo que tú no sabes.
No sé a quién prefiero
cuando te arregla el vestido
y te suelta para que busques el amor.

*

Después de todo

Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.

Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo,
mezquina paga de los que mueren juntos.

A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.

Se trata de mi cuerpo al que bendigo,
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.

Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.

15.12.09

Notas sobre un poema de Sergio Mansilla



Del horror a la esperanza

Poemas enterrados
Sergio Mansilla


Vinieron los peores días de represión,
cuando hasta el aire estaba embrujado
y no maduraban las siembras
ni había comercio en las ferias.
Entonces tuve que enterrar unos cuantos
poemas para el futuro.
Tal vez ya hayan germinado y crecido.
Tal vez todavía estén esperando las primeras
lluvias para levantar su índice al cielo.
En alguna parte del pasado
han de estar ahora,
en alguna quebrada vivirán ocultos
como monstruos de sueño.
Y estos Poemas son los que deambulan
por los montes, los verdaderos
prófugos de las verdaderas prisiones;
éstos que un día sembré bajo la tierra
para el futuro.


El texto que comentamos es un breve poema de Sergio Mansilla publicado primeramente en Noche de agua (1986) y vuelto a incluir en El sol y los acorralados danzantes (1991). Es pues un poema entrañable para su autor puesto que también acaba de seleccionarlo para un volumen antológico de poetas chilenos de próxima publicación. Ambos libros fueron escritos durante los años de la dictadura militar en Chile y éste poema, en particular, apunta directamente a la represión, a los temores que llegaron y se mantuvieron por casi dos décadas en la sociedad chilena los años de la dictadura y principalmente al valor del testimonio poético como herramienta contra el olvido. El poema en sí tiene el tono elegíaco típico de mucha de la poesía contestataria escrita en el sur de Chile en esos años. Cierto es que no falta al final del texto un débil tono de esperanza, pero a decir verdad se trata de una esperanza a medias puesto que el poeta/hablante no la ve realizable en un futuro cercano. Este poema es, indudablemente, un buen ejemplo de lo que podríamos clasificar como parte de la poesía política testimonial de la contingencia histórico-social chilena escrita por Mansilla durante la dictadura; sin olvidar que en ésta también se entrecruzan varios elementos de lo que Iván Carrasco ha denominado 'poesía etnocultural.'

A nuestro parecer, Sergio Mansilla Torres (1958), es uno de los poetas mejor dotados entre sus pares chilenos de la generación que empezó a escribir y/o a publicar con posterioridad al golpe de estado de 1973. El autor de Noche de agua ha sabido interpretar como pocos el espíritu de sus contemporáneos, la angustia de esos años mortificada diariamente por los hechos, la sensibilidad atormentada por la inminencia de la represión, la imagen de la muerte como un horrible maleficio, vivo y omnipresente, al mismo tiempo que la marginalidad de la minoría socio-cultural que habita en el archipiélago de Chiloé. No debe pasarse por alto que en ambos libros este poema forma parte de la sección titulada "Mito-Historia." Así, en el poema que comentamos, la pluma de Mansilla --sin apartarse un ápice de la visión de mundo isleña-- apunta con precisión sobre los principales temores que durante la dictadura militar aquejaban a los chilenos, temores nada de distintos a los que debe sufrir cualquier otro pueblo oprimido y aterrorizado por un régimen de facto.

El tema es sencillo, pero poderosamente dramático en su sencillez (Mansilla, en general, no opta por la originalidad de los temas sino por la belleza y la pulcritud de su tratamiento artístico). El título ya lo señala, son esos "Poemas enterrados" por el poeta, quien por ese conducto intenta dejar un testimonio de esa historia de horror y angustia que otros quieren borrar de una plumada, suprimirlo para siempre de la memoria de todos. Por eso, el poeta --en este caso la persona que habla en el texto-- decide ocultar sus poemas bajo tierra (por temor a la represión y a los millones de ojos que ésta posee) con el propósito de dejar su versión de ese tiempo para que otros puedan conocerla cuando la normalidad vuelva a su cauce en su país.

"Poemas enterrados" (título plural que sugiere un testimonio in extenso) es un poema breve, compuesto por 18 versos de métrica irregular, verso libre y sin rima. Esta estructura atiende en primera instancia al propósito de presentar el texto como una evocación libre y emotiva de un tiempo amargo--quizás el más amargo--de su vida personal, así como también de la historia de su país. La sencillez del lenguaje es la apropiada a la persona del poeta/hablante quien mira/ve/sufre el mundo desde sus ojos de campesino (campesino chilote, debería agregarse), como es fácil deducir por sus alusiones a brujos, siembras, ferias, germinación, lluvias y a todo ese ambiente mítico-realista (de "Mito-Historia") que pinta magistralmente el texto.

La materia del tema se reparte en cinco apartados fácilmente identificables. Se abre el poema con la remembranza del tiempo del horror, "Vinieron los peores días de represión" (versos 1-4); el apartado b) comprende los versos 5-6 y expone la reacción del poeta ante el riesgo en que vive (y con él la memoria histórica) y expresa su propósito; en el apartado c) versos 7-9, se manifiesta la esperanza (el deseo, más bien) de que se mantenga viva la memoria atesorada en los poemas; el apartado d) versos 10-13, el temor a que esos poemas se encuentren presos en la cárcel del pasado (cárcel temporal, no física) y, finalmente, los últimos cinco versos, apartado e) la revelación de que ese tiempo de horror aún persiste puesto que esos Poemas escritos para el futuro viven todavía ocultos en los montes, temerosos a la poderosa garra de las fuerzas del mal (la legalidad vigente).

El hecho que el poema se abra intempestivamente con el recuerdo acongojado de los días de represión señala que ése es un tiempo presente permanentemente, un tiempo paradójicamente vivo, inmóvil e inamovible, congelado para siempre en la memoria del hablante. El verbo que abre el poema ("Vinieron") parece indicar la llegada de personas (son las personas generalmente quienes vienen o van). De este modo, el tiempo de la represión se vuelve una presencia física, palpable, antropomorfa, aunque bestial. Fue ése un tiempo prolongado--según se sugiere--, pero no todo ese periodo nos retrata el poema sino un lapso muy preciso y claramente identificado: el de "los peores días de represión." Es entonces --y a causa de ese aire amenazante-- cuando ese específico espacio de mundo y de historia se vuelve un microcosmos gobernado por la maldición de los brujos malos ("hasta el aire estaba embrujado") que atizonó las tierras, el comercio y la vida en general ("no maduraban las siembras/ ni había comercio en las ferias"). Fija el poeta atentamente la mirada en las notas que definen y marcan la hondura del dolor y la tenacidad de la fuerza maligna. Los elementos ponderativos y descriptivos se van sumando en una serie de alusiones de distinto orden (el aire embrujado, la improductividad de los campos, la falta de comercio). La maldición o castigo había caído sobre todos (en el macromundo, Chile) y en el micromundo, sector rural de Chiloé, desde el cual observa, siente y sufre la persona que nos habla en este poema --rasgo característico de los dos primeros libros Mansilla-- como es posible notar por las referencias de la vida rural, la superstición y el mundo mítico.

El recuerdo del poeta/hablante se intensifica, precisa e ilumina en un momento de ese pasado: "Entonces tuve que enterrar unos cuantos/ poemas para el futuro." La aflicción del poeta y el deber/misión que le corresponde cumplir son trazados con precisión al reconstruir este detalle: "Entonces tuve que enterrar unos cuantos poemas." Sorprende la elección del verbo. No se trata de esconder, ocultar ni guardar los poemas sino de enterrarlos igual como se hace con los muertos, lo que nos inclina a conectar estos poemas que se entierran con las personas muertas y enterradas como consecuencia de la represión[1] . Entendido así, estos "Poemas enterrados," y humanizados por ese acto, vienen a ser otras víctimas de la represión militar. Sin embargo, el final de la frase poética desliza el objetivo de su acción. El poeta ha decidido enterrar "unos cuantos/ poemas para el futuro." Este elemento, que no es un detalle casual ni aledaño, otorga al poema que estamos leyendo y a los poemas enterrados (de los que nos enteramos por el poema que leemos) una nueva dimensión, la dimensión de la esperanza, la noción de que no hay mal que sea eterno y que el poeta, a través de su escritura y de la tremenda obstinación que lo mueve, puede y debe dejar testimonio de su tiempo (este tiempo de crisis), por si hubiera un futuro distinto en el que las condiciones permitieran a sus eventuales lectores desenterrar los poemas y descubrir el testimonio que encierran. Decimos que gracias a ese elemento ("para el futuro") fluye un nuevo sentido en el entramado poético pues la factibilidad de ese hecho (desentierro de los poemas y revelación de la historia escondida/ acallada) abona la factibilidad de una esperanza a partir del desentierro y descubrimiento de estos poemas (palabras de fe en un futuro mejor) que en la conciencia del lector traerán aparejada la idea de un descubrimiento análogo, tal vez, junto con la historia verdadera, los cuerpos de los desaparecidos, enterrados "por malas manos" con un propósito completamente opuesto.

En los versos 7-9 el oleaje del poema cambia la perspectiva. El poeta se aparta temporalmente de ese recuerdo amargo, abandona el uso de las formas verbales en tiempos pasados (vinieron-estaba-maduraban-había) y opta por diversas formas del subjuntivo (hayan germinado-estén esperando), por la impersonalidad del infinitivo (levantar), la forma compuesta "han de estar" y el futuro de probabilidad ("vivirán") con el objeto de retratar un presente (el suyo y el de los poemas) marcado por el signo de la eventualidad, que en este contexto es otra forma de decir de pura incertidumbre. A las formas verbales se suman la reiteración anafórica del adverbio de duda "tal vez" que contribuye igualmente a remarcar lo hipotético de la realización de su deseo o esperanza.

Si en los primeros versos dominaba el recuerdo agobiador de los días ominosos de la represión como una condena sobre el estado anímico del hablante, aquí (versos 7-9) la esperanza se asienta en el conciencia del poeta. Tal vez el riesgo corrido en esos días (riesgoso era intentar la pervivencia de la memoria) haya valido la pena, tal vez estén próximos (latentes en algún lugar) a producir sus frutos. Los "Poemas enterrados" (título y tema, reitero) se metamorfosean en plantas en la conciencia campesina del hablante (planta que es alimento, a la vez que producto del trabajo humano y la fertilidad de la tierra), como si la fe puesta por el poeta al enterrar/sepultar esos escritos hubiera potenciado al máximo ese entierro/sepultura (signo de muerte) transmutándolo en siembra, germinación y crecimiento (signos de vida).

No discutimos que se trata tan sólo de una probabilidad ("Tal vez todavía estén esperando las primeras/ lluvias"), no de un hecho, pero existe, está allí, y es un poderoso estímulo a la esperanza la idea de esas plantas/poemas/seres humanos que tras las primeras lluvias (signo de fertilización, de nueva vida) levantaran "su índice (acusador) al cielo." Es decir que estos poemas/plantas/seres humanos así magnificados por la poderosa metáfora no habrán de ser únicamente testimonio de lo que pasó sino que habrán de cumplir además una función acusatoria señalando a los culpables, e indicando al cielo en evidente clamor de justicia. Al cielo--parece decir el poeta--debe pedírsele aquello que no es dable esperar de la justicia humana.

Sin embargo, la fuerte emoción que aflige al hablante lo arrastra a un estado de desesperación y desconfianza en el presente. No es en el presente donde él imagina la existencia de esos poemas sino "En alguna parte del pasado/ (es donde) han de estar ahora." Pareciera que el presente no es un tiempo para la realización de tan entrañables sueños y esperanzas. El pasado se ha vuelto una hermética prisión (mundo mítico regido por leyes propias), en un tiempo del cual no pueden zafarse ni los testimonios escritos (poemas enterrados) ni la memoria atormentada del poeta. Esos restos de memoria no pueden ser arrebatados de allí como si sobre ellos pesara una inquebrantable maldición. Los poemas (la escritura de la memoria histórica) se han vuelto entes fantasmagóricos, monstruosos, pesadillescos, inasibles, viviendo su vida fantasmal lo más apartada y escondida de las personas: "En alguna quebrada vivirán ocultos/ como monstruos de sueño." Aquí nos enfrentamos a una, al menos, triple lectura: a) los poemas permanecen el pasado por temor a revelar en el presente una realidad cruelmente horrorosa que volvería a repetir esos dolores en la gente, acrecentándolos; b) la memoria del horror se ha vuelto un monstruo de pesadilla en su inhumano escondite; c) las memorias de esos días, en el presente de la escritura, no son sino otro capítulo de la vasta mitología regional, así como los brujos, el basilisco o el camahueto.

El apartado último viene a poner las cosas en su lugar. Armónicamente combina los dos órdenes de cosas que ya habíamos adelantado. Los poemas enterrados, "estos Poemas" --así con mayúscula como si se tratara de un nombre de persona-- se hacen Uno con el recuerdo de todos los que han sufrido la violencia y la opresión de esa dictadura que es también la opresión de brujos y fantasmas, y se nos viene la imagen de los detenidos-desaparecidos que no tienen descanso ni tregua en la memoria de sus seres amados. Así, los últimos cinco versos concluyen magníficamente el tema sacando a la luz (desenterrando también) la idea que ha permanecido sumergida a lo largo de todo el texto: "estos Poemas son los que deambulan/ por los montes, los verdaderos/ prófugos de las verdaderas prisiones;/ éstos que un día sembré bajo la tierra/ para el futuro." Los Poemas enterrados, así como los detenidos desaparecidos que la política oficial ha tratado de diluir en las aguas del olvido, renacen y se revitalizan en la memoria de su pueblo, libres en su intimidad, aunque todavía no más allá de ese pequeño círculo. Unos y otros son "los verdaderos prófugos/ de las verdaderas prisiones."

Es evidente que para el poeta, las verdaderas prisiones no son ni fueron únicamente las cárceles ni los campos de concentración de la dictadura con sus altas murallas y sus guardias armados. Las peores cárceles fueron: la cárcel de la conciencia, la proscripción de las ideas, la censura y la autocensura, la íntima cárcel que se llevaba adentro (como si uno mismo se hubiera transformado en su propia tumba), hasta llegar a este futuro (es decir, el presente del emisor en los cinco versos finales) donde el poeta confirma que aún ese futuro al que alude en los versos 6 y 18 no llega. Pero consecuentemente con la idea de esperanza que persiste a pesar de todo, afirma en presente (ya no en pasado como en los versos anteriores) que "estos Poemas son los que deambulan/ por los montes," que (estos Poemas) "son los verdaderos/ prófugos de las verdaderas prisiones," y finalmente que (estos Poemas) son los "que un día sembré bajo la tierra/ para el futuro." La fuerza y el anhelo que recorre todo el poema se vale de esta triple afirmación para iluminar la esperanza. Así manifiesta que aunque el tiempo de su realización se siga extendiendo hasta la exageración, la tal esperanza está viva en él mientras esos Poemas suyos se mantengan prófugos de las prisiones.

La secuencia del poema se ha organizado de manera tan simple como admirable creando la imagen de un mundo dominado a la mala por el terror de la represión (dictadura) y por la maldición de los brujos (superstición) que no son más que las dos manos del mismo monstruo (historia-mito / mundo nacional-mundo local). A lo largo del poema los verbos ofrecen ciertos indicios que auguran la esperanza y la afirmación final. De "enterrar" se pasa a "germinar" y luego a "crecer," secuencia que nos permite inferir que el entierro de los poemas no ha sido sepultura para el olvido sino siembra para la memoria. Por eso están allí, dice el poeta, "éstos (poemas) que un día sembré bajo la tierra/ para el futuro." Ese futuro que el obstinado poeta/hablante no quiere poner en duda, ese futuro que, por muy lejano se encuentre, algún día habrá de llegar. El poema se cierra con la revitalización de un tópico de la poesía testimonial hispanoamericana de base cristiana, la muerte no es el final, el entierro no es adiós definitivo ni menos olvido, asimismo como afirma Ernesto Cardenal en uno de sus Epigramas: "pensaban que lo enterraban/ y lo que hacían era enterrar una semilla."

Nota:

También nosotros (lectores fácticos) estamos descubriendo y desenterrando este/os poema/s de la sepultura del libro cerrado.




[1] Tampoco debemos olvidar que en Chiloé entierro también tiene la acepción de "tesoro”.
"Anda tratando de encontrar un entierro” dirá alguien refiriéndose a riquezas supuestamente enterradas/escondidas en el tiempo de la colonia cuando los piratas atacaban las villas y poblados del archipiélago. De manera que en enterrar los poemas también significaría transformarlos en un "tesoro" que las personas alguna vez habrán de buscar.



El presente artículo fue publicado originalmente en: Entrecaminos. Center for Latin American Studies, Georgetown University. Vol. 6, 13-19, 2001.




11.12.09

Letra propia


No tuve a quien mirar,
y toda la sorpresa
me abrazó como evidencia.

2.12.09

Orpheu

De más en más, lo que el crítico debe distinguir, con curioso cuidado, es lo confuso de lo complejo. No debe caer en ese error craso, vulgar en aquellos que procuran seguir a los clásicos, sin haber comprendido suficientemente el espíritu de su Obra, que consiste en creer que el estilo simple es el mejor de todos, lo que es cierto, pero sin reparar en que no hay solo un estilo simple, sino varios; que la simplicidad no es una, sino de diversas especies.

Hay, por cierto, un modo simple de decir las cosas; pero si esas cosas fueren, por su naturaleza, complejas, no han de ser dichas de tal manera que una simplicidad de expresión las vuelva simples, puesto que, si son complejas, hacerlas parecer simples es expresarlas mal. El espíritu de un Dante o de un Shakespeare, porque han heredado siglos de acumulaciones cristianas, tiene otra complejidad que no la tiene el espíritu de un Homero, o incluso de un Virgilio. Lo que el crítico sagaz exige de un Dante o de un Shakespeare no es que escriban con la simplicidad de un Homero o de un Virgilio, pero sí que escriban expresándose con la claridad que quepa a aquellas cosas que piensan.

La simplicidad, además de ser diversa conforme los individuos, comporta, aparte de esto, diversos aspectos absolutos. Una cosa puede ser expresada simplemente, por la razón de que su naturaleza es simple; puede ser expresada simplemente porque sea traducida directamente como es sentida, sin que se procure ajustarla a cualquier ideal de estética extraño a la cosa sentida; y puede ser expresada simplemente por ser sujetada a un tal criterio estético, a un criterio estético que imponga la preocupación de la simplicidad.

Sucede que, si algún pecado pesa sobre los literatos de Orpheu, es el de expresarse con demasiada simplicidad. Relatan una cosa tal cual la sienten, sin buscar ajustarla a la comprensión de los otros, ni subordinarla a cualquier criterio estético. Cuando el señor Sá-Carneiro dice que “siente los colores en otras direcciones”, peca, si peca, de una excesiva simplicidad. No se le ocurriría decir que siente los colores en otras direcciones si efectivamente –tal vez por algún desorden de los sentidos, lo que concedo pueda ser– no sintiese así los colores, por una transmutación sensional exquisita. Y aunque no los sienta así, sino sólo imagine que los sienta, tiene el derecho de artista de imaginar lo que no es, que no es otro que el derecho que tiene Shakespeare de crear un Hamlet que no existe, ni otro es el derecho fundamental de los artistas.

Fernando Pessoa: Comienzo en este momento, etc.

Aquí, sin embargo, la frase es de una simplicidad calva. Lo complejo es el sentimiento expresado.

Cuando el Señor Alfredo Pedro Guisado dice “Dios, largo muelle en mí”, yo lo comprendo perfectamente, y creo que lo comprenderá la criatura que se hubiera dado al trabajo de estudiar las literaturas antiguas y las modernas, estudiando, con mano diurna y nocturna, las páginas diferentes de cuantos poetas han ornado con su dolorosa gloria las paredes desnudas de este triste mundo. “Dios, largo muelle en mí” es una sensación directa, de origen imaginativo, sin duda.
Lo necesario es compenetrarnos en que, en la lectura de todos los libros, debemos seguir al autor y no pretender que él nos siga a nosotros. La mayor parte de la gente no sabe leer, y llama [leer] a adaptar a sí misma lo que el autor escribe, cuando, para el hombre culto, comprender lo que se lee es, al contrario, adaptarse a lo que el autor escribió. Poca gente sabe leer, los eruditos, propiamente tales, menos que nadie. Como demostré en el primer folleto, los eruditos no tienen cultura.

Debo mi comprensión de los literatos de Orpheu a una lectura constante sobre todo de los griegos, que habilita a quien los sepa leer a no asombrarse de cosa ninguna. Desde la Grecia Antigua se ve el mundo entero, el pasado como el futuro, a tal altura emerge, de las menores cumbres de las otras civilizaciones, su alto pináculo de gloria creadora.


[texto dactilografiado, tal vez 1915]
Antonio Mora

Publicado por Carlos H. Rasines

25.11.09

Gioconda Belli



AMOR EN DOS TIEMPOS

I
Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra
mi pájaro carpintero serpiente emplumada
colibrí picoteando mi flor bebiendo mi miel
sorbiendo mi azúcar tocándome la tierra
el anturio la cueva la mansión de los atardeceres
el trueno de los mares barco de vela
legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce
palmera naciéndome playas en las piernas
alto cocotero tembloroso obelisco de mi perdición
tótem de mis tabúes laurel sauce llorón
espuma contra mi piel lluvia manantial
cascada en mi cauce celo de mis andares
luz de tus ojos brisa sobre mis pechos
venado juguetón de mi selva de madreselva y musgo
centinela de mi risa guardián de los latidos
castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado
de carne de mujer mi hombre vos único talismán
embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez
llename pegame contra tu puerto de olas roncas
llename de tu blanca ternura silenciame los gritos
dejame desparramada mujer.

II
Campanas sonidos ulular de sirenas
suelto las riendas galopo carcajadas
pongo fuera de juego las murallas
los diques caen hechos pedazos salto verde
la esperanza el cielo azul sonoros horizontes
que abren vientos para dejarme pasar:
«Abran paso a la mujer que no temió las mareas del amor
ni los huracanes del desprecio»

Venció el vino añejo el tinto el blanco
salieron brotaron las uvas con su piel suave
redondez de tus dedos llovés sobre mí
lavás tristeza reconstruís faros bibliotecas
de viejos libros con hermosas imágenes
me devolvés el gato risón Alicia el conejo
el sombrero loco los enanos de Blancanieves
el lodo entre los dedos el hálito de infancia
estás en la centella en la ventana desde donde
nace el árbol trompo tacitas te quiero te toco
te descubro caballo gato luciérnaga pipilacha
hombre desnudo diáfano tambor trompeta
hago música
bailo taconeo me desnudo te envuelvo
me envuelves
besos besos besos besos besos besos besos besos
silencio sueño.

*

CÓMO PESA EL AMOR

Noche cerrada
ciega en el tiempo
verde como la luna
apenas clara entre las luciérnagas.
Sigo la huella de mis pasos,
el doloroso retorno a la sonrisa,
me invento en la cumbre adivinada
entre árboles retorcidos.
Sé que algún día
se alzarán de nuevo
las yemas recién nacidas
de mi rojo corazón,
entonces, quizás,
oirás mi voz enceguecedora
como el canto de las sirenas;
te darás cuenta
de la soledad;
juntarás mi arcilla,
el lodo que te ofrecí,
entonces tal vez sabrás
como pesa el amor
endurecido.

*

HUELGA

Quiero una huelga donde vayamos todos.
Una huelga de brazos, piernas, de cabellos,
una huelga naciendo en cada cuerpo.

Quiero una huelga
de obreros de palomas
de choferes de flores
de técnicos de niños
de médicos de mujeres.

Quiero una huelga grande,
que hasta el amor alcance.
Una huelga donde todo se detenga,
el reloj las fábricas
el plantel los colegios
el bus los hospitales
la carretera los puertos.

Una huelga de ojos, de manos y de besos.
Una huelga donde respirar no sea permitido,
una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos del tirano que se marcha.

16.11.09

Blas de Otero


Lástima

Me haces daño, Señor. Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. ¡Oh Dios!, si eres humano,
compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.
Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas
no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.

*
En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

*
Anchas sílabas

Que mi pie te despierte, sombra a sombra
he bajado hasta el fondo de la patria.
Hoja a hoja, hasta dar con la raíz
amarga de mi patria.
Que mi fe te levante, sima a sima
he salido a la luz de la esperanza.
Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie
de paz, izando un alba.
Que mi voz brille libre, letra a letra
restregué contra el aire las palabras.
Ah, las palabras. Alguien heló
los labios -bajo el sol- de España.

*
Música tuya

" ¿Es verdad que te gusta verte hundida
en el mar de la música; dejarte
llevar por esas alas; abismarte
en esa luz tan honda y escondida?
Si es así, no ames más; dame tu vida,
que ella es la esencia y el clamor del arte;
herida estás de Dios de parte a parte,
y yo quiero escuchar sólo esa herida.
Mares, alas, intensas luces libres,
sonarán en mi alma cuando vibres,
ciega de amor, tañida entre mis brazos.
Y yo sabré la música ardorosa
de unas alas de Dios, de una luz rosa,
de un mar total con olas como abrazos. "

*
Un relámpago apenas

Besas como si fuese a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
me declaro vendido, sin vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes, sin dolerme,
tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio, Y luego, mimadora,
la brisas y las rozas con tu beso.
Oh Dios, oh Dios, si para verte
bastará un beso, un beso que se llora
después, porque ¡oh, por qué! no basta eso.

14.11.09

Carmen Feito Maeso



LOS MÚSICOS

¿De qué tierra vinieron estos músicos tristes,
con voces incisivas y ojos de lunas frías?
Su música tortura corazones felices
y hace llorar imágenes de mármol y de arcilla.

¿Qué nefario artesano les dio esos instrumentos
henchidos de quejidos e inmensas agonías?
Al oírlos, recuerdo las cosas que están lejos
y solitarias noches en cabañas vacías.

Todas las tardes llegan a esta posada lúgubre,
sus lenguas, cual flamas de inquietos candelabros;
hablan con el sigilo de una monja que encubre
de un amor juvenil los pasados milagros.

¿De dónde sacan ellos el sentimiento amargo
que impregnan en sus voces al emitir sus cantos?
¿Es que sienten más hondo, más profundo y más claro,
o es que tienen un timbre más perfecto y exacto?

Su música pausada gotea en la penumbra
y ataja los destellos en todas las miradas.
El daño de otro tiempo todo el espacio inunda
y en un rincón del mundo ¡Lloran todas las almas!


*

ABANDONO

Las tragedias anclaron en un lago de sueños
que bordean los arbustos donde duermen los pájaros,
nosotros lo supimos en un rincón del tiempo
oloroso a jazmines y a maderas de sándalo.

Yo busqué las estrellas fugaces en la noche
para colgar deseos entre sus caudas blancas.
Y en esa intransigencia que ya bien me conoces...
brillaba aún tu luz, inmarcesible y alta.

Después, como si el mundo se hubiese trastornado,
te hundiste en la borrasca de sombra prematura,
la metáfora herida no tuvo ya un halago
capaz de renovar tu infinita ternura.

Vibraba en nuestra carne la música del viento
con el ritmo pausado de metrópoli triste,
nuestro amor era un nido completamente ajeno
a todo lo que vive y a lo que ya no existe.

La niebla del camino se disipó, y con ella
se evaporó el encanto del hada refulgente;
se fueron los gorriones felices de mi fecha
y un mundo de nostalgias cayó sobre mi fuente.

Te busqué sobre el árbol de savia dolorida
y en la estrella gigante que sirve a Dios de trono;
pero ya te habías ido por la sombra, y aprisa,
en el aire emergía el vaho de tu abandono.



10.11.09

Por decir


Al dar el campanil las badajadas, será el momento de dar unas palabras tropezadas como espera. De ahí, los efectivos y extensos titulares, los jactanciosos lauros e irrespetos.

30.10.09

Letra propia







Las constelaciones y los vendavales

están entre nosotros:


no hay clamores, y el céfiro,

es una impasible inmortalidad

observándonos sin prisa.

24.10.09

Letra propia


Los tonos de los primeros esplendores, los de un viajar iluminando el día que se obstruye tras los ojos, cerniéndose en los cuerpos extendidos.

14.10.09

Letra propia


Deseo recortar con las palabras y abrir una tajadura absurda entre el escrito sacro y la escritura del que nunca se adormece. Hay instrumentos mortales en las palabras, allí donde entablan las guerras, allí en donde yo concluyo. Mi lucha es una causa infernal, saltar las piedras del corazón y mirar el índigo y el negro, con la simplicidad del insistente. Me beneficia el conocimiento de la desdicha.


10.10.09

Resultado de compromiso




Alguien cierra una puerta,

y es el sonido

el que se propaga en una pausa.

2.10.09

Letra propia


La belleza oculta de los ojos heridos
arde como cirios, pupilas castigadas
entre omisiones y penas.
De todas las grietas, una hunde,
las otras se mantienen
reverenciando la cepa,
y es sólo en ellas
donde puede inclinarse la flor.

12.9.09

Letra propia






Se expatría el pez y el grajo
en íntimo trazado,
y la brisa es desazón
que ciñe y mata.

8.9.09

Fluido


Preciada, la lisérgica juntura
se aísla de la navaja
que dormida subsistió
en las púas de la cruz.

24.8.09

Vapor de alondra



Ambos, sin divergencias
obstruiremos los detalles.

22.8.09

Letra propia



Obligaba esa hora
su arquilla de figuras pavorosas
cuando la noche hizo fábula su reto
y la fibra de Diana
nacía entre las formas.

15.8.09

Letra propia


Un caracol sigue el camino de tus venas, y pienso que tal vez no pese tanto esta casa.

12.8.09

Letra propia


Excitar esa figura era desgarrar el intervalo de una fotografía recientemente hallada. Y se vio un fragmento de lágrima hundiéndose sobre sus pertenencias.



13.5.09

Letra propia


Tan solo una apatía de elementos
prodiga la noche
y la coagula en las descargas de otras luces
proyectadas hacia desiguales lindes.

2.3.09

Letra propia



Te acordarás su nombre

bajo la sombra de su cándida sangre,

de sus ojos de polvo,

de su nombre certeza que dilata los soles

y su erguida cabeza.

25.2.09

Ramaje de tu franco pecho




Porque postrado estás y eres ceniza de cenizas.

24.2.09

Letra propia



Y ahora te excluyes por la versátil fibra del tiempo. Te deja la calle en desnudez, otra vez los cantos, la lumbre gacha, serás tú quien oiga el viento.

21.2.09

Letra propia





No tema el aire desposeer tu corazón de peces lesionados.

Letra propia





Copla de la adversidad las manos, suaves fogones derrochados ya vacantes y el metal más encendido en tu pecho azorado.

19.2.09

Letra propia





¿Recordamos su casa con vasijas y plantas? Cada cual con su noche.

18.2.09

Letra propia





Hay en mi cause difícil, alazanes de espuma, en mis ojos un siglo y niños sobre el cosmos.

Letra propia





Ya no es su hogar. La ceniza y las arcillas se reúnen. Angustia de gritos sus paredes.

17.2.09

Letra propia





¿Qué no saben inventar?

16.2.09

Letra propia


Se mece la efímera estrella que oscila igual a un tallo entre aguas displicentes mi esencia de pretensión, y es allí el vacío, toda la aguja del invierno.
Indecente como la misma muerte de antes del comienzo, su rigidez fragante circula muda hasta el sin fin del ruido que asola el sentido.

Letra propia




La alquimia es absorber en sus dedos la aspereza y perfumar la sangre con la luz suprimida de una luna prosaica.

15.2.09

Letra propia





Le llueve la humedad como sollozos, centellas de surcos en fina esencia transitando. Vertida en su sentido solicita el alba.

Letra propia




Se alojaba en el camino con las manos sujetadas, con su marchar de agua grácil y la mirada prendada. Señales del mismo amor, algo se rompió en mi pecho de tanto como la amaba.

Letra propia





Sus corazones son gritos demorados dentro de la afección de riquezas renunciadas.

14.2.09

Letra propia





Pienso en el arduo suelo en donde moras con tu amor marchitado y piel ardiente. Pienso en aquella tierra de montaña, cruzada por el sueño ingenuo. Creo en tu corazón agitado y sin aldaba.

Letra propia





Un día las fricciones se alzan sin que por eso se retraiga la desconfianza.

Letra propia





Dejen de inquietarse por un momento ¿no dijeron los reprueban?

Letra propia





Finalmente te equivocaste, y tanto nos gustabas. De alguna manera te beneficiarás en el retorno.

Letra propia





Quiso dormir para sentirse bien en cada sueño.

13.2.09

Letra propia





Te observaré por última vez, no retornarás, sólo te encenderás en la diferencia.

Letra propia





Tu figura es cuantioso hielo encendiendo la felicidad.

Letra propia




¿No es desconcierto caer y no dañarse?

Letra propia


De él, su historia. Tú, ¿cómo piensas que debe concluir su vida?

12.2.09

Letra propia





Nuestras manos crecidas en el cisco van hacia ti con bordados generosos y cientos de flores que aquí nacen.

Letra propia





Digo sombras, frugalmente, como si amanecieran los bosques y en un silencio se encubrieran las palabras que no llaman las dulces pertenencias del espacio.

Letra propia





El recuerdo pertinaz en la figura no relega, todo lo que dijo en encubierta agitación de amor, tu primavera.

Letra propia


Las fragilidades en el camino se evadieron.

11.2.09

Letra propia





¿Qué hacer con la raíz y las almendras?

Letra propia





Gaviota en llanto, mostrarás los encantos de un noviembre.

Letra propia





Fuiste la sonrisa. Eres, la sonrisa herida por la roca.

Letra propia





Sabatina la pupila del inviolado anochecer.

Letra propia





Pasaron algunos días durante los cuales se dedicaron al espectáculo.

Letra propia





Cicatrices de imprudentes compromisos, incendiaron lo creado.

Letra propia


Domaremos al tiempo, querida diletante. Porque domar al tiempo es acordar la vida.

Letra propia





Retornan hasta mi lado solitario, tus pies y tus brazos prolongados en salobres desprendidos.

Letra propia


Escribo y llamo con mis propias palabras, esos nombres que partieron elegidos.

Letra propia


Hay una jubilosa urgencia esta mañana, de entreveradas ceremonias cotidianas.

Letra propia





Desvisto la lucerna, es bueno despertar en el otoño obscuro.

Letra propia





Observo y recuerdo lo que solía creer.

Letra propia





El comercio estaba próximo a cerrar, la crisis, pudo más.

10.2.09

Gabriel Celaya


GERNIKAK0 ARBOLA -EL ARBOL DE GUERNICA-

Era en la primavera del año treinta y siete
cuando llegué a Guernica.
Allí se fabricaban boquillas de careta
anti-gas. Yo debía
- servicio de inspección- ver qué diablos pasaba
o qué no funcionaba.
Allí, en Guernica, estaban las fuerzas guipuzcoanas
nuevas, y yo debía
- servicio de instrucción- enseñarles la humana
protección que es posible cuando con gas atacan.
Todo me parecía remoto. Aunque cumplía
lo debido, imposible
era pensar que nadie lanzase tal ataque.
El frente estaba lejos. Brillaba el cielo indemne.
Y todo hay que decirlo:
hacía mucho tiempo que no comía cordero,
ni comía pan blanco, como allí, en retaguardia.
¡Parecía tan fácil la paz! No se entendían
la ira y la mentira.
A veces visitaba nuestro árbol de Guernica,
y miraba el azul,
un azul que duró todos aquellos días,
un ancho azul tranquilo que nada parecía
podría perturbar, marzo querido.
¡Ay, quién diría
que a poco de marcharme zumbaría en el cielo,
en ese mismo cielo que parecía indemne,
limpio de mancha y leve,
el horror de una muerte mecánica y salvaje!
¡Ay, quién diría!
¡Ay, dilo tú si puedes, Gernikako Arbola,

dilo con tu raíz, tus ramas y tus niños,
dilo si eso es posible,
di con la libertad de los vascos antiguos,
con el temblor de fronda que cubre el país entero
y dice lo que somos, diciendo lo que fuimos!
¡Ay, si es posible, dilo!

José Martí


Árabe

Sin pompa falsa ¡oh árabe! saludo
Tu libertad, tu tienda y tu caballo.
Como se ven desde la mar las cumbres
De la tierra, tal miro en mi memoria
Mis instantes felices: sólo han sido
Aquellos en que, a solas, a caballo
Vi el alba, salvé el riesgo, anduve el monte,
Y al volver, como tú, fiero y dichoso
Solté las bridas, y apuré sediento
Una escudilla de fragante leche.
.
Los hombres, moro mío,
Valen menos que el árbol que cobija
Igual a rico y pobre, menos valen
Que el lomo imperial de tu caballo.
Sombra da el árbol, y el caballo asiento:
El hombre, como el guao,
Pudre a los que se acogen a su sombra.
Oh, ya no viene el verso cual solía
Como un collar de rosas, o a manera
De caballero de la buena espada
Toda de luz vestida la figura:
Viene ya como un buey, cansado y viejo
De halar de la pértiga en tierra seca.

*
Dos Patrias

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
¿O son una las dos? No bien retira
Su majestad el sol, con largos velos
Y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece.
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento
Que en la mano le tiembla! Está vacío
Mi pecho, destrozado está y vacío
En donde estaba el corazón. Ya es hora
De empezar a morir. La noche es buena
Para decir adiós. La luz estorba
Y la palabra humana. El universo
Habla mejor que el hombre.
Cual bandera
Que invita a batallar, la llama roja
De la vela flamea. Las ventanas
Abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
Las hojas del clavel, como una nube
Que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa...

*
Si ves un monte de espumas

Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
.
Mi verso es como un puñal
Que por el puño echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.

Rafael Alberti


Santoral agreste

¿Quién rompió las doradas vidrieras
del crepúsculo? ¡Oh cielo descubierto,
del montes, mares, viento, parameras
y un santoral del par en par abierto!

Tres arcángeles van por las praderas
con la Virgen marina al blanco puerto
del pescado; ayunando, entre las fieras,
se disecan los Padres del desierto.

El santo Labrador peina la tierra;
Santa Cecilia pulsa los pinares,
y el perro de San Roque, por el río,

corre tras la paloma de la sierra,
para glorificarla en los altares,
bajo la luz de este soneto mío.

*
Sola

La que ayer fue mi querida
va sola entre los cantuesos.
Tras ella, una mariposa
y un saltamontes guerrero.

Tres veredas:
Mi querida, la del centro.
La mariposa, la izquierda.
Y el saltamontes guerrero,
saltando, por la derecha.

*
Elegía del niño marinero

Marinerito delgado,
Luis Gonzaga de la mar,
¡qué fresco era tu pescado,
acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito,
en una noche lunada,
¡tan alegre, tan bonito,
cantando, a la mar salada!

¡Qué humilde estaba la mar!
¡Él cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar,
que le aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros
su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros,
invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!,
por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena,
sola en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar!
¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar,
la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento
la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento
el de la noche cerrada!

¡Ay mi niño marinero,
tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero,
más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás pescador de oro,
allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro
secreto de los pescados?

Deja, niño, el salinar
del fondo, y súbeme al cielo
de los peces y, en tu anzuelo,
mi hortelanita del mar.










César Vallejo


Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

*

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

*

Piedra negra sobre piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y,
jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

Letra propia





Hoy vi una rama caminar junto al amor.

Letra propia





Rasgada, una huella de la noche.

Letra propia





¿Avanza lo que dejo al revés?

El decir poético


Ahora escribimos en presente porque no hay pasado en lo escrito. La obra de Eugenio Montejo, nacido en Caracas (octubre 19, 1938), quien adoptó el seudónimo de Eugenio Montejo para firmar su obra, es una de las mejores de nuestras letras de hoy. Con hondura, con serenidad nos ha venido ofreciendo un significativo conjunto de bellas palabras a través de una creación en donde la parsimonia está siempre presente. Tanto cuando expresa su rico y transparente mundo emocional como cuando realiza la construcción de sus cuerpos poéticos. Así lo podemos ver en su libro Alfabeto del mundo. (Barcelona: Laia, 1987. 139 p.) el cual es una suma de su hacer y una síntesis de su decir poético, ha sido tan celebrado que se han publicado dos ediciones, en España (1987) y en México (1988), la primera constituyó el lanzamiento internacional de Montejo hecho por don Benito Milla (1918-1987), siempre diestro lector y editor de poesía, desde su editorial catalana. Montejo ha olvidado su primer libro. Quizá lo consideró sólo aproximación a que quería expresar. De los restantes eligió para Alfabeto… sus textos más representativos. Pero es tan autocrítico que una de sus composiciones más celebradas por la crítica, su poema “En el bosque” (Terredad. Caracas: Monte Ávila Editores, 1978, p.9), ha desaparecido de esta analecta. En Alfabeto… están sus palabras más certeras y el contenido de sus nuevas creaciones. Con ambos conjuntos se ha formado este volumen que servirá a cualquier lector para conocer el universo de la creación de Montejo.Quienes han estudiado lo escrito por Montejo han subrayado los caracteres de sereno contemplador que tiene este creador de todo aquello que lo rodea. Su sensibilidad se mueve alrededor de motivos sencillos, especialmente del paisaje de días ya idos de los cuales un buen ejemplo es su poema “Caracas". A partir de ello nos podemos asomar a ese mundillo personalísimo e íntimo a través del cual Montejo nos muestra su visión del contorno. De allí que sus diversos libros se reiteran presencias como las ciudades ya desaparecidas, los periplos, el mar, la mujer amada, los árboles, el tiempo, algunos animales. Con tales motivos ha cincelado una obra compacta, nerviosa, verbalmente limpia (por no decir pura e incluso transparente, palabra esta última que es una de las que mejor le calza), con un ritmo interior que es el de la conciencia, donde la delicadeza, de expresión y de sentimientos, siempre está presente y en la cual nos topamos con una serena emoción. Esto que hemos dicho es evidente en composiciones suyas como “Orfeo", “Los árboles", “Terredad de un pájaro", “Septiembre", “En el bosque", “Arqueologías", “Un samán", “Hombres sin nieve” y “Mural escrito por el viento". A estas podrían añadirse otras como “Algunas palabras", “Pueblo en el polvo", “Caracas", “Creo en la vida", “Canción", con lo cual podríamos formar un conjunto que permitiría a cualquier lector de poesía, comprender las particulares características de la poesía de Montejo que puede ser seguida en Alfabeto… a través de toda su evolución, desde Elegos hasta Trópico absoluto. (Caracas: Monte Ávila Editores, 1982), accediendo a la vez a su nuevo libro Alfabeto…, que llena la parte final del volumen que comentamos, en el cual los caracteres de su hacer se reiteran con la misma belleza y profundidad a las que Montejo nos tiene acostumbrados. Después de Alfabeto… desde Adiós al siglo XX, volumen en donde está el poema “Amantes", se inició la etapa singular del cultivo del poema amoroso, que llena sus últimos libros Partitura de la cigarra y sus Papiros amorosos, del cual existe una segunda edición aumentada (Papiros… Caracas: Fundación Bigott, 2003. 68 p.). Pese a ello es imposible soslayar para cualquier lector de poesía, o para todo hombre que ame a una mujer, la belleza, hondura y singularidad de estos espléndidos poemas amorosos uno de los cuales ha servido para universalizar a Montejo al ser citado el titulado “Milagro puro” (Papiros… ,p.35) en uno de los diálogos de la celebrada película “21 gramos” (2003), dirigida por Alejandro González Iñárritu y escrita por Guillermo Amaga, la cual obtuvo el “Oscar” de la Academia de Ciencias Cinematográficas de Hollywood, lo cual es consagratorio. Su protagonista fue el actor Sean Penn.Si un día de 1984 dijo apasionadamente el historiador Asdrúbal González ante nosotros que Montejo era el más grande poeta de Venezuela desde ahora, ido él, su lugar lo toman el barquisimetano Rafael Cadenas y la valerana Ana Enriqueta Terán.

Alejandro Romualdo


Si me quitaran totalmente todo

Si me quitaran totalmente todo
si, por ejemplo, me quitaran el saludo
de los pájaros, o los buenos días
del sol sobre la tierra,
me quedaría
aún
una palabra. Aún me quedaría una palabra
donde apoyar la voz.
Si me quitaran las palabras,
o la lengua,
hablaría con el corazón
en la mano,
o con las manos en el corazón.
Si me quitaran una pierna
bailaría en un pie.
Si me quitaran un ojo
lloraría en un ojo.
Si me quitaran un brazo
me quedaría el otro,
para saludar a mis hermanos,
para sembrar los surcos de la tierra,
para escribir todas las playas del mundo, con tu nombre, amor mío.

-Del libro del poeta peruano Alejandro Romualdo, Edición extraordinarias-

Alfonsina Storni


DOS PALABRAS

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras
que digo sin quererlo -¡oh, qué bella, la vida!-
Tan dulces y tan mansas
que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas
que nerviosos, mis dedos,
se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
cortar estrellas.

*
DULCE TORTURA

Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía
sobre tus manos largas desparramé mi vida;
mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
ahora soy un ánfora de perfumes vacía.

Cuánta dulce tortura quietamente sufrida
cuando, picada el alma de tristeza sombría,
sabedora de engaños, me pasaba los días
¡besando las dos manos que me ajaban la vida!

*
EL DIVINO AMOR

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

*
CARTA LÍRICA A OTRA MUJER

Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro
conozco yo, y os imagino blanca,
débil como los brotes iniciales,
pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina,
en vuestros ojos, placidez de lago
que se abandona al sol y dulcemente
le absorbe su oro mientras todo calla.

Y vuestras manos, finas, como aqueste
dolor, el mío, que se alarga, se alarga,
y luego se me muere y se concluye
así, como lo veis, en algún verso.

Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca
tenéis un rumoroso colmenero,
si las orejas vuestras son a modo
de pétalos de rosa ahuecados...

Decidme si lloráis, humildemente,
mirando las estrellas tan lejanas
y si en las manos tibias se os duermen
palomas blancas y canarios de oro.

Porque todo eso y más, vos sois, sin duda
vos, que tenéis el hombre que adoraba
entre las manos dulces, vos la bella
que habéis matado, sin saberlo acaso,
toda esperanza en mí... Vos, su criatura.

Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma
estáis gustando del amor secreto
que guardé silencioso... Dios lo sabe
por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.

Os lo confieso que una vez estuvo
tan cerca de mi brazo, que a extenderlo
acaso mía aquella dicha vuestra
me fuera ahora... Sí, acaso mía...

Mas ved, estaba el alma tan gastada
que el brazo mío no alcanzó a extenderse:
la sed divina, contenida entonces,
me pulió el alma....Y él ha sido vuestro!

¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos
él se estremece y le decís palabras
pequeñas y menudas que semejan
pétalos volanderos y muy blancos.

¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!
Arrancaban tan firmes los cabellos
a grandes ondas, que a tenerla cerca,
no hiciera yo otra cosa que ceñirla!

Luego dejad que en vuestras manos vaguen
los labios suyos; él me dijo un día
que nada era tan dulce al alma suya
como besar las femeninas manos...

Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve
vagando por afuera de la vida,
-como aquellos filósofos mendigos
que van a las ventanas señoriales
a mirar sin envidia toda fiesta-

me allegue alguna vez a vuestro lado
y con palabras quedas, susurrantes,
os pida vuestras manos un momento,
para besarlas, yo, cómo él las besa...

Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
vaya pensando: aquí se aposentaron
¿cuánto tiempo, sus labios, cuánto tiempo
en las divinas manos que son suyas?

Oh, qué amargo deleite, este deleite
de buscar huellas suyas y seguirlas
sobre las manos vuestras tan sedosas,
tan finas, con las venas tan azules!

Oh, que nada podría, ni ser suya,
ni dominarle el alma, ni tenerlo
rendido aquí a mis pies, recompensarme
este horrible deleite de ser mío
un inefable, apasionado rastro...

Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,
barrera ardiente, viva, que al tocarla
ya me remueve este cansancio amargo,
este silencio de alma en que me escudo,

este dolor mortal en que me abismo
esta inmovilidad del sentimiento,
que sólo salta bruscamente cuando
nada es posible!

Nicanor Parra


AGNUS DEI

Horizonte de tierra
astros de tierra
Lágrimas y sollozos reprimidos
Boca que escupe tierra
dientes blandos
Cuerpo que no es más que un saco de tierra
Tierra con tierra -tierra con lombrices.
Alma inmortal-espíritu de tierra.

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal.
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Hazme el favor de decirme la hora.

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Dame tu lana para hacerme un sweater.

Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Déjanos fornicar tranquilamente:
No te inmiscuyas en ese momento sagrado.

*

ÚLTIMO BRINDIS

Lo queramos o no
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
porque como dice el filósofo
el ayer es ayer
nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
son solamente dos:
el presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado
y ya pasó...
como la juventud.

En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.

*

TRES POESÍAS

I
Ya no me queda nada por decir
Todo lo que tenía que decir
Ha sido dicho no sé cuántas veces.

II
He preguntado no sé cuántas veces
pero nadie contesta mis preguntas
Es absolutamente necesario
Que el abismo responda de una vez
Porque ya va quedando poco tiempo.

III
Sólo una cosa es clara:
Que la carne se llena de gusanos.
*

PARA QUE VEAS QUE NO TE GUARDO RENCOR

Te regalo la luna
seriamente -no creas que me estoy burlando de ti:
te la regalo con todo cariño
¡nada de puñaladas por la espalda!
tú misma puedes pasar a buscarla
tu tío que te quiere
tu mariposa de varios colores
directamente desde el Santo Sepulcro.

*

CAMBIOS DE NOMBRE

A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta :
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.
¿ Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol ?
¡ Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas !

¿ Mis zapatos parecen ataúdes ?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre:
Desde ahora se llaman ataúdes.
Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera:
Es un problema personal.












José Watanabe


El guardián del hielo

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil

Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
Yo soy el guardián del hielo.


-De Cosas del cuerpo-

Olga Orozco


ÉSA ES TU PENA

Ésa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:
sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

*

LAS MUERTES

He aquí unos muertos cuyos huesos no blanqueará la lluvia,
lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso
de la piel del lagarto,
inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz
de alguna lágrima;
arena sin pisadas en todas las memorias.
Son los muertos sin flores.
No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los
infames lechos vendidos por la dicha,
porque sólo acataron una ley más ardiente que la ávida
gota de salmuera.
Esa y no cualquier otra.
Esa y ninguna otra.
Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros
de nuestra vida.

*
JUGABAS A ESCONDERTE...

XIV
Jugabas a esconderte entre los utensilios de cocina
como un extraño objeto tormentoso entre indecibles faunas,
o a desaparecer en las complicidades del follaje
con un manto de dríada dormida bajo los velos de la tarde,
o eras sustancia yerta debajo de un papel que se levanta y anda.
Henchías los armarios con organismos palpitantes
o poblabas los vestidos vacíos con criaturas decapitadas y fantasmas.
Fuiste pájaro y grillo, musgo ciego y topacios errantes.
Ahora sé que tratabas de despistar a tu perseguidora con efímeras máscaras.
No era mentira el túnel con orejas de liebre
ni aquella cacería de invisibles mariposas nocturnas.
Te alcanzó tu enemiga poco a poco
y te envolvió en sus telas como con un disfraz de lluviosos andrajos.
Saliste victoriosa en el irreversible juego de no estar.
Sin embargo, aún ahora, cierta respiración desliza un vidrio frío por mi espalda.
Y entonces ese insecto radiante que tiembla entre las flores,
la fuga inexplicable de las pequeñas cosas,
un hocico de sombra pegado noche a noche a la ventana, no sé, podría ser,
¿quién me asegura acaso que no juegas a estar, a que te atrapen?

De "Cantos a Berenice" 1920






Pablo De Rokha


Mordido de canallas, yo fui el gran solitario

Mordido de canallas, yo fui "el gran solitario
de las letras chilenas", guerrero malherido,
arrastro un desgarrado corazón proletario
y la decisión épica de no caer vencido.

Sobre la patria arada de espanto, mi calvario
chorrea sangre humana, y un sol despavorido
me va ciñendo el cuerpo de fuego extraordinario,
como un caballo de oro con el freno perdido.

Irreductible al látigo, salvaje e innumerable,
el instinto social me da el imponderable,
y descubro un subsuelo que el drama humano aprueba.

Con tu recuerdo, al hombro, mi rol específico,
y como andando solo, en ti me identifico,
fundo con tus cenizas una religión nueva.

Elegía a Ramón Sijé - Miguel Hernández



-En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo
Ramón Sijé, a quien tanto quería-

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Gabriela Mistral


ÉXTASIS

Ahora, Cristo, bájame los párpados,
pon en la boca escarcha,
que están de sobra ya todas las horas
y fueron dichas todas las palabras.

Me miró, nos miramos en silencio
mucho tiempo, clavadas,
como en la muerte, las pupilas. Todo
el estupor que blanquea las caras
en la agonía, albeaba nuestros rostros.
¡Tras de ese instante, ya no resta nadar!

Me habló convulsamente;
le hablé, rotas, cortadas
de plenitud, tribulación y angustia,
las confusas palabras.
Le hablé de su destino y mi destino,
amasijo fatal de sangre y lágrimas.

Después de esto ¡lo sé! no queda nada!
¡Nada! Ningún perfume que no sea
diluido al rodar sobre mi cara.

Mi oído está cerrado,
mi boca está sellada.
¡Qué va a tener razón de ser ahora
para mis ojos en la tierra pálida!
¡ni las rosas sangrientas
ni las nieves calladas!

Por eso es que te pido,
Cristo, al que no clamé de hambre angustiada:
¡ahora, para mis pulsos,
y mis párpados baja!

Defiéndeme del viento
la carne en que rodaron sus palabras;
líbrame de la luz brutal del día
que ya viene, esta imagen.
Recíbeme, voy plena,
¡tan plena voy como tierra inundada!

*

ÍNTIMA

Tú no oprimas mis manos.
Llegará el duradero
tiempo de reposar con mucho polvo
y sombra en los entretejidos dedos.

Y dirías: -"No puedo
amarla, porque ya se desgranaron
como mieses sus dedos"-

Tú no beses mi boca.
Vendrá el instante lleno
de luz menguada, en que estaré sin labios
sobre un mojado suelo.

Y dirías: -"La amé, pero no puedo
amarla más, ahora que no aspira
el olor de retamas de mi beso.

Y me angustiara oyéndote,
y hablaras loco y ciego,
que mi mano será sobre tu frente
cuando rompan mis dedos,
y bajará sobre tu cara llena
de ansia mi aliento.

No me toques, por tanto. Mentiría
al decir que te entrego
mi amor en estos brazos extendidos,
en mi boca, en mi cuello,
y tú, al creer que lo bebiste todo,
te engañarías como un niño ciego.

Porque mi amor no es solo esta gavilla
reacia y fatigada de mi cuerpo,
que tiembla entera al roce del cilicio
y que se me rezaga en todo vuelo.

Es lo que está en el beso, y no es el labio;
lo que rompe la voz, y no es el pecho:
¡es un viento de Dios, que pasa hendiéndome
el gajo de las carnes, volandero!

*

LA FLOR DEL AIRE

Yo la encontré por mi destino,
de pie a mitad de la pradera,
gobernadora del que pase,
del que le hable y que la vea.

Y ella me dijo: "Sube al monte.
Yo nunca dejo la pradera,
y me cortas las flores blancas
como nieves, duras y tiernas."

Me subí a la ácida montaña,
busqué las flores donde albean,
entre las rocas existiendo
medio dormidas y despiertas.

Cuando bajé, con carga mía,
la hallé a mitad de la pradera,
y fui cubriéndola frenética,
con un torrente de azucenas.

Y sin mirarse la blancura,
ella me dijo: "Tú acarrea
ahora sólo flores rojas.
Yo no puedo pasar la pradera."

Trepe las penas con el venado,
y busqué flores de demencia,
las que rojean y parecen
que de rojez vivan y mueran.

*

LA MUJER FUERTE

Me acuerdo de tu rostro que se fijó en mis días,
mujer de saya azul y de tostada frente,
que en mi niñez y sobre mi tierra de ambrosia
vi abrir el surco negro en un abril ardiente.

Alzaba en la taberna, honda la copa impura
el que te apegó un hijo al pecho de azucena,
y bajo ese recuerdo, que te era quemadura,
caía la simiente de tu mano, serena.

Segar te vi en enero los trigos de tu hijo,
y sin comprender tuve en ti los ojos fijos,
agrandados al par de maravilla y llanto.

Y el lodo de tus pies todavía besara,
porque entre cien mundanas no he encontrado tu cara
¡y aun te sigo en los surcos la sombra con mi canto!

*

VOLVERLO A VER

¿Y nunca, nunca más, ni en noches llenas
de temblor de astros, ni en las alboradas
vírgenes, ni en las tardes inmoladas?

¿Al margen de ningún sendero pálido,
que ciñe el campo, al margen de ninguna
fontana trémula, blanca de luna?

¿Bajo las trenzaduras de la selva,
donde llamándolo me ha anochecido,
ni en la gruta que vuelve mi alarido?

¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,
en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
bajo unas lunas plácidas o en un cárdeno horror!

¡Y ser con él todas las primaveras
y los inviernos, en un angustiado
nudo, en torno a su cuello ensangrentado!

*
CREO EN MI CORAZÓN

Creo en mi corazón, ramo de aromas
que mi Señor como una fronda agita,
perfumando de amor toda la vida
y haciéndola bendita.

Creo en mi corazón, el que no pide
nada porque es capaz del sumo ensueño
y abraza en el ensueño lo creado:
¡inmenso dueño!

Creo en mi corazón, que cuando canta
hunde en el Dios profundo el franco herido,
para subir de la piscina viva
recién nacido

Creo en mi corazón, el que tremola
porque lo hizo el que turbó los mares,
y en el que da la Vida orquestaciones
como de pleamares.

Creo en mi corazón, el que yo exprimo
para teñir el lienzo de la vida
de rojez o palor y que le ha hecho
veste encendida.

Creo en mi corazón, el que en la siembra
por el surco sin fin fue acrecentando.
Creo en mi corazón, siempre vertido,
pero nunca vaciado.

Creo en mi corazón, en que el gusano
no ha de morder, pues mellará a la muerte;
creo en mi corazón, el reclinado
en el pecho de Dios terrible y fuerte.

*
DESVELADA

Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

*
BALADA

El pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!

El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar.)
Y el irá con otra
por la eternidad!





José Emilio Pacheco



José Emilio Pacheco
Poemas
Los elementos de la noche
Bajo el mismo imperio que el verano ha roído
Se deshacen los días.
En el último valle
La destrucción se sacia
En ciudades vencidas que la ceniza afrenta.
La lluvia extingue
El bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su verano.
Las palabras se rompen contra el aire.
Nada se restituye ni devuelve
El verdor a la tierra calcinada.
Ni el agua en su destierro sucederá a la fuente
Ni los huesos del águila volverán por las alas.
© José Emilio Pacheco
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De: Algún tiempo a esta parte.
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José Emilio Pacheco
Poemas
La falsa vida
Alguien te sigue a veces en silencio.
Las cosas nunca dichas
Se transforman en actos.
Atraviesas la noche en las manos del sueño,
Pero el otro, implacable,
No te abandona: lucha
Contra la irrealidad, la falsa vida
Donde todo es ocaso.
Frágil perseguidor que eres tú mismo,
Lo has obligado a ser, en guardia siempre,
El minucioso espejo que no olvida.
© José Emilio Pacheco
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De: Algún tiempo a esta parte. José Emilio Pacheco Poemas www.artepoetica.net 2
José Emilio Pacheco
Poemas
Pompeya
La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto
De la fornicación.
No fuimos muertos por el río de la lava.
Nos ahogaron los gases. La ceniza
Se convirtió en sudario. Nuestros cuerpos
Continuaron unidos en la piedra:
Petrificado espasmo interminable.
© José Emilio Pacheco
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De: Postales/conversaciones/epigramas
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José Emilio Pacheco
Poemas
Miseria de la poesía
Me pregunto qué puedo hacer contigo
Ahora que han pasado tantos años,
Cayeron los imperios,
La creciente arrasó con los jardines,
Se borraron las fotos
Y en los sitios sagrados del amor
Se levantan comercios y oficinas
(con nombres en inglés naturalmente).
Me pregunto qué puedo hacer contigo
Y hago un pseudo poema
Que tú nunca leerás
―o si lo lees,
En vez de una punzada de nostalgia,
Provocará tu sonrisita crítica.
© José Emilio Pacheco
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De: Considerando en frío, parcialmente.
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José Emilio Pacheco
Poemas
El mar sigue adelante
Entre tanto guijarro de la orilla
No sabe el mar en dónde ha de romperse.
¿Cuándo terminará su infernidad que lo ciñe
A la tierra enemiga,
Como instrumento de tortura,
Y no lo deja agonizar,
No le otorga un minuto de reposo?
Tigre entre la hojarasca
De su absoluta impermanencia.
Las vueltas
Jamás serán iguales;
La prisión
Es siempre idéntica a sí misma.
Y cada ola quisiera ser la última,
Quedarse congelada
En la boca de sal y arena
Que está diciendo siempre: adelante.
© José Emilio Pacheco
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De: Islas a la deriva
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José Emilio Pacheco
Poemas
El fuego
En la madera que se resuelve en chispa y llamarada,
Luego en silencio y humo que se pierde,
Miraste deshacerse con silencioso estruendo la vida.
Y te preguntas si habrá dado calor,
Si conoció alguna de las formas del fuego,
Si llegó a arder e iluminar con su llama.
De otra manera todo habrá sido en vano.
Humo y ceniza no serán perdonados
Pues no triunfaron contra la oscuridad,
Leña que arde en una estancia desierta
O en una cueva que sólo habitan los muertos.
© José Emilio Pacheco
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De: Islas a la deriva
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José Emilio Pacheco
Poemas
Manual de urbanidad
Para qué tanta ceremonia, indirectas,
Puñaladitas bajo cuerda, gasto suntuario,
Cortina de humo o envoltura contaminante
De una desnuda frase: No puedo verte
O No te soporto.
Es decir, soy ciego
A nuestra humana luz compartida.
O bien, no resisto
El peso de otra dolencia errante agregada
A mi invencible pesadumbre.
© José Emilio Pacheco
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De: Desde entonces
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José Emilio Pacheco
Poemas
El silencio
La vida, más feroz que toda muerte.
Jorge Guillén, Clamor
La silenciosa noche. Aquí en el bosque
No se escuchan rumores.
Los gusanos trabajan.
Los pájaros de presa hacen lo suyo.
Pero yo no oigo nada.
Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
Tan escaso se ha vuelto en este mundo
Que ya nadie se acuerda de cómo suena,
Nadie quiere
Estar consigo mismo un instante.
Mañana
Dejaremos la verdadera vida para mañana.
No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
Extrañeza
De hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
Silencio en este bosque, en esta casa
A la mitad del bosque.
¿Se habrá acabado el mundo?
© José Emilio Pacheco
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De: Geometría del espacio
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José Emilio Pacheco
Poemas
Papel de trapos viejos
Devoro un poco más de realidad.
Y aquí estamos.
Llega noviembre y el pasado inmenso
Hace ver el futuro que me falta
Como una prenda de vestir encogida
Por el gran ajetreo en la lavadora.
Un millón de partículas o instantes
Pasaron como flechas por sus tejidos.
Desgaste.
Desgaste esos minutos o años o sobresaltos.
Aluvión de agua hirviendo
Y shock del agua helada.
Está raído el traje que iba a ponerme mañana.
No sirve la camisa recién lavada.
Ya muestra las arrugas de su provisional habitante,
El aire más bien triste aunque meritorio
De quien se acaba de servir y entonces repara
En que no sirve ya su servidumbre,
Su utilidad para encarnar el tiempo
Que habrá de descarnarlo.
Un trapo viejo el cuerpo.
Si algo de él sobrevive
Será en cajón de sastre como remiendo
De otros vestuarios.
O lo enviarán al molino
En que de trapos viejos, cartones sucios
Se hace el papel en blanco.
© José Emilio Pacheco
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De: Ciudad de la memoria
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José Emilio Pacheco
Poemas
Tierra de nadie
En la ignorancia a medias de un idioma,
Ya que el dominio es imposible,
Las palabras demuestran estar hechas
De la esencia del mundo y la poesía.
Pienso en diré, por ejemplo:
<>
Suciedad de la tierra, tumba y matriz.
Basura sagrada
Que amasaron plantas y huesos.
Putrefacción en que nos da la vida la muerte.
Extraño llamar <> al planeta errante
En donde navegamos siempre en tinieblas
Y a la materia de la que sale todo
Y todo regresa.
La tierra baldía, la tierra prometida,
La tierra de nadie.
© José Emilio Pacheco
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De: De a largo plazo
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José Emilio Pacheco
Poemas
Fin de mundo
<>
Todo esto me dijeron varias personas.
El 18 de mayo esperé el terremoto,
El diluvio de fuego, la bomba atómica.
Como es obvio, no pasó nada.
Hay otras fechas para el fin del mundo.
© José Emilio Pacheco
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De: La arena errante
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José Emilio Pacheco
Poemas
Elogio de la fugacidad
Triste que todo pase…
Pero también qué dicha este gran cambio perpetuo.
Si pudiéramos
Detener el instante
Todo sería mucho más terrible.
¿Pueden imaginar a Fausto de 1844, digamos,
Que hubiera congelado el tiempo en un momento preciso?
En él hasta la más libre de las mujeres
Viviría prisionera de sus quince hijos
(Sin contar a los muertos antes de un año),
Las horas infinitas ante el fogón, la costura,
Los cien mil platos sucios, la ropa inmunda
—Y todo lo demás, sin luz eléctrica y sin agua corriente.
Cuerpos sólo dolor, ignorantes de la anestesia,
Que olían muy mal y rara vez se bañaban.
Y aún después de todo esto, como perfectos imbéciles,
Nos atrevemos a decir irredentos:
<>
© José Emilio Pacheco
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De: La arena errante
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José Emilio Pacheco
Poemas
Irrealidad
Como fantasma de un espectro vuelvo
A este mundo con mi experiencia que ya no sirve.
Me abruma
Atestiguar cómo todo ha cambiado hasta la irrealidad;
Cómo fantasía alguna fue capaz
De imaginar cuanto hay ahora, todo lo que es
―Y desde luego nadie esperaba.
© José Emilio Pacheco
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De: Siglo pasado
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José Emilio Pacheco
Poemas
La lengua de las cosas
La lengua de las cosas debe ser el polvo donde se comunican sin
Hablarse.
El polvo o la sombra que proyectan.
Demencia de las cosas cuando su voluntad se rebela
Y se esconden frenéticas o se niegan a funcionar obstinadas.
Únicos medios de rebelión a su alcance,
Únicas formas de decirnos que no somos sus amos,
Aunque tengamos el poder
De destruirlas y olvidarlas.
© José Emilio Pacheco
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De: Siglo pasado
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Sor Juana Inés de la Cruz


DE UNA REFLEXIÓN CUERDA CON QUE MITIGA EL DOLOR DE UNA PASIÓN

Con el dolor de la mortal herida,
de un agravio de amor me lamentaba,
y por ver si la muerte se llegaba
procuraba que fuese más crecida.

Toda en el mal el alma divertida,
pena por pena su dolor sumaba,
y en cada circunstancia ponderaba
que sobraban mil muertes a una vida.

Y cuando, al golpe de uno y otro tiro
rendido el corazón, daba penoso
señas de dar el último suspiro,

no sé con qué destino prodigioso
volví a mi acuerdo y dije: ¿qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido más dichoso?

*

PROCURA DESMENTIR LOS ELOGIOS QUE A UN RETRATO DE LA POETISA INSCRIBIÓ LA VERDAD, QUE LLAMA PASIÓN

Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:

es un vano artificio del cuidado;
es una flor al viento delicada;
es un resguardo inútil para el hado;

es una necia diligencia errada;
es un afán caduco, y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Rafael Cadenas


De "Los cuadernos del destierro" 1960

1. Yo visité la tierra de luz blanda.
Anduve entre melones y hierbas marinas, comí frutas traídas por sacerdotisas adolescentes, palpé árboles de savia roja como ladrillo que moraban junto a la tumba de un príncipe, vi
viejos catafalcos de gobernadores guardados por lentas palmas. Por los contornos había raíces en forma de tazones donde los monos mitigaban la sed.
Pasé un día cerca del lugar donde duermen los ahorcados.
Era la época en que los brujos habían partido a los campos de arroz destruyendo todos los talismanes.
En las calles vistosas doncellas oscuras danzaban.
Entonces los capitanes bajaban de los ojos para explorar la ciudad.
De este viaje más allá de los presuntos límites sólo conservo alguna que otra estrella de mar, varios retratos -ella y yo- y un peregrino cofre que encontré en el barco durante la travesía.
De aquel idioma y de mis pasos por la tierra dicha no existe imagen que esté hoy extinguida. Los veleros tocan a las puertas del aire donde persisto. La luz me trae delfines muertos. Tu
olor reconquista el estremecimiento.

*

2. He entrado a región delgada.
Todo lo que canta se reúne a mis pies como banderas que el tiempo inclina.
Aquí el mundo es una estación amanecida sobre corales.
Ésta es la morada donde se depositan los signos de las aguas, el légamo de los navíos,
los mendrugos cargados de relámpagos.
Éste es el huerto de las especias clamorosas, la temporada de arcilla que el océano erige.
Ésta es la fruta de un piélago muerto, la columna desesperada del hambre.
Ésta es la salobre campana de verdor que el fuego crucifica, la tierra donde una tribu oscura
embalsama un clavel.
Ésta es la tinta trémula del día, la rosa al rojo vivo inscrita en los anales de la selva.

*

3. Pero el tiempo me había empobrecido.
Mi único caudal eran los botines arrancados al miedo.
De tanto dormir con la muerte sentía mi eternidad. De noche deliraba en las rodillas de la belleza. Presa de tenaces anillos, a pesar de mi parsimonioso continente de animal invicto
me guardaba de la transitoriedad insita a mis actos.
Magnificencia de la ignorancia. Brujos solemnes habían auscultado mi cuerpo sin poder arribar a un dictamen. Sólo yo conocía mi mal. Era -caso no infrecuente en los anales de los falsos desarrollos- la duda.
Yo nunca supe si fui escogido para trasladar revelaciones.
Nunca estuve seguro de mi cuerpo.
Nunca pude precisar si tenía una historia.
Yo ignoraba todo lo concerniente a mí ya mis ancestros.
Nunca creí que mis ojos, orejas, boca, nariz, piel, movimientos, gustos, dilecciones, aversiones me pertenecían enteramente.
Yo apenas sospechaba que había tierra, luz, agua, aire, que vivía y que estaba obligado a llevar mi cuerpo de un lado a otro, alimentándolo, limpiándolo, cuidándolo para que luciera
presentable en el animado concierto de la honorabilidad ciudadana.
Mi mal era irrescatable.
Me sentía solo. Necesitaba a mi lado una mujer silenciosa, paciente y dúctil que me rodease con una voz.
Yo era un rey de infranqueable designio, de voluntad educada para la recepción del acatamiento, de pretensiones que hacían sonreír a los duendes.
Un rey niño.
Cuando advino, inopinadamente, una era de pobreza, perdí mi serenidad.
Mis pasiones absolutas -entre ellas el amor, que para mí era totalidad- fueron barridas.
En suma, yo era una pregunta condenada a no calzar el signo de interrogación. O un navío que se transformaba en fosforescente penacho de dragón. O una nube que se demudaba
conforme al movimiento.
Habitaba un lugar indeciso.
Mi historia era un largo recuento de inauditas torpezas, de infértiles averiguaciones,
de fabulosas fábricas.
Un dios cobarde usurpaba mis aras.
Él había degollado el amor frente a una reluciente laguna, en
un bosque de caobos. Huía mugiendo sábanas ensangrentadas. Escapaba del recinto feliz. Las nubes eran símbolos zoológicos de mi destierro.
El amor me conducía con inocencia hacia la destrucción.
El odio, como a mis mayores, me fortalecía.
Pero yo era generoso y sabía reír.
Como no soportaba la claridad, dispuse entre anaranjados estertores de sol mi regreso hacia el final. Las aguas me condujeron como el sensitivo lleva la pesadilla. Volví insomne al lugar de la ficción.

*

4. Sólo tú misma en el acto. Extendida, carnosa, húmeda.
Un temblor sin lapso. Sin equívoco. Torbellino en torno de la flor de blando terciopelo, acorazonado, que nace del clima de tus piernas como un grito nocturno. Flor que se liba.
Sombra de flor. En la sinfonía ciega de las corrientes lozana forma de mis manos sin ojos. Cuerno remoto de los rendimientos.
Llego navegando ondulaciones desesperadas. Soy dichoso.
¿Cuál es el color de esta fruición desencadenada, cómo llamarla, qué dios nos ha entregado esta conjunción? Me iré, Venus, me iré, pero antes quiero apurar la copa. Ahogar los límites mollares, sofocar los cerrojos albeantes, vencer la sombra leda de la desnudez, sacrificar el sonrojo numerado.
No me marcharé hasta que esta vegetal confusión de ondas no se haya cumplido. En tanto mi animal lamedor no esté sosegado.
Amo los blandos linderos de inefable tinte, ondulantes en la selva enana y espléndidamente libre que sobresale de tu cuerpo como mil vocecillas frutales, el letífico aroma, el muelle
calor, el ansioso tremar. Toda tú adunada por mareas geométricas a mi piel. Toda presión, jadeo, huida, retorno, blancor, demencia. Nadadora. Extensión que amamanta mi vicio. Sombra del láudano bajo mi pesado tiempo.
No partiré sin llevar una hora feliz en la corola, giradora, vencida y celante de los ojos que como al sol te reciben.

De "Intemperie" 1977

1. ¿Cómo pudo
volverse tribunal
de su vida
(no es sino la sala
donde se reúne
a rumiar fallos)
el
que menos juzga,
el
que existe desde su cuerpo,
el
menos concluyente
de los nacidos?

*

2. Puesto que estás aquí,
tienes que

Aquí se camina
sin preguntar.

Tienes que
No precisemos.
Haz como que entiendes.

Ya sabes:
sin interrogar.
(Todas las preguntas caen
a los pies de tienes que.)

¿Angustia?
Nada de eso,
quédate tranquilo
en tu silla, contando las horas.

*

3. Vida
arrásame,
barre todo,
que sólo quede
la cáscara vacía, para no llenarla más,
limpia, limpia sin escrúpulo
y cuanto sostuviste deja caer
sin guardar más.

De "Amante" 1983

1. Eludías
el encuentro
con el tú
magnífico,
el que te toma
y te anula como tempestad
y de ti arranca al que busca.

*

2. Cómo pudiste vivir
de la idea
que la ocultaba,
con un sabor
que no era el de ella,
huyendo
de su aparecer
que era también el tuyo?

*

3. Llegas
no a modo de visitación
ni a modo de promesa
ni a modo de fábula
sino
como firme corporeidad, como ardimiento, como inmediatez.

*

4. Llevas el amante
al lugar
del acontecer

-el lugar del asentimiento.

*

5. Él abre los ojos,
siente,
se abandona.
Sabe ya que nada, nada
le pertenece,
salvo su dependencia,
y acata
el extraño señorío.

*

6. Se creyó dueño
y ella lo obligó a la más honda encuesta,
a preguntarse qué era en realidad suyo.
Después lo tomó en sus manos
y fue formando su rostro
con el mismo material del extravío, sin desechar nada,
y lo devolvió a los brazos del origen
como a quien se amó sin decírselo.

*

7. Misión
del amante:

arder
fuera del camino.

*

8. Enséñame,
rehazme
a fondo,
avívame
como quien enciende un fuego.

*

9. Destruye
la retórica del amante
y hazlo venir a pie, desnudo, sin arrimo,
a tu recio descampado.
Que pruebe a sostenerse ahí,
que sienta tu frío,
que vele.







Eugenio Montejo


EL DUENDE


Esta misma calle, pero antes,
a bordo de mis veinte,
de noche en noche, con tabaco y lámpara,
escribía poemas.
Alrededor la multitud dormida
soñaba con dinero
y alguna que otra estatua recosía
el azul de su sombra.
Nunca supe qué duende a mis espaldas
–volátil e insistente–
fijos los ojos me seguía
frase por frase y letra a letra.

No, no era aquel azul casi corpóreo
arrancado del mármol,
ni mi ángel de la guarda anochecido
y en ardua vela,
ni tampoco un espectro hamletiano,
veraz hasta el misterio,
ni ninguna presencia subitánea
de aquella época.
Nada de nada ni de nadie,
sino yo mismo, yo mismísimo.
Pero no aquél de entonces: –éste
que cifra ya sesenta,
–éste era el duende…
El que aquí vuelve buscándome de joven,
en esta misma calle, a medianoche,
y me llama
y no es sueño.

*

EL SOL EN TODO

El trópico y sus horas de calor,
el sol sobre las cosas día tras día,
y el rencor de los malos matrimonios...
Se oye un sapo a la sombra en todo esto
que no se ve porque no hay sombra,
sino luz recta y piedras refractarias.
El calor de las horas emerge con su lava
de pantanos volcánicos.
Hay silbatos de barcos en el polvo sin puerto,
un salobre espejismo sin espumas,
el acre aroma de frutas descompuestas
y el color sin color de la miseria.
–¿Qué más, qué menos, cuál sopor no dicho,
cuál nieve inalcanzable en densos copos
cayendo siempre como blancos sapos,
en las noches más tórridas y amargas?
...Y cuanto no se tuvo ni ha de tenerse nunca,

lo que perdimos antes de este mundo,
el calor con su tedio y su postedio
y la tierra que gira para otros
y tanto sol en todo, hasta de noche,
y el rencor de los malos matrimonios.

Vicente Huidobro


MONUMENTO AL MAR

Paz sobre la constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí.

He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas

He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos

Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte

El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.

Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas
/manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos

Levántate y saluda el amor de los hombres

Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día.

También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos

Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí

Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.

Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba

Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros

Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras

He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras

He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria

Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados

He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte

*

AEROPLANO

Una cruz
se ha venido al suelo

Un grito quebró las ventanas
Y todos se inclinan

sobre el último aeroplano

El viento
que había limpiado el aire
Naufragó en las primeras olas
La vibración
persiste aún
sobre las nubes

Y el tambor
llama a alguien
Que nadie conoce

Palabras

tras los árboles

La linterna que alguien agitaba
era una bandera
Alumbra tanto como el sol

Pero los gritos que atraviesan los techos

no son de rebeldía

A pesar de los muros que sepultan

LA CRUZ DEL SUR

Es el único avión

que subsiste

*

3

Me alejo en silencio como una cinta de seda
Paseante de arroyos
Todos los días me ahogo
En medio de plantaciones de plegarias
Las catedrales de mis ternuras cantan a la noche bajo el agua
Y esos cantos forman las islas del mar

Soy el paseante
El paseante que se parece a las cuatro estaciones

El bello pájaro navegante
Era como un reloj envuelto en algodón
Antes de volar me ha dicho tu nombre

El horizonte colonial está cubierto todo de cortinajes
Vamos a dormir bajo el árbol parecido a la lluvia










Alejandra Pizarnik



PEREGRINAJE

-a Elizabeth Azcona Cranwell-


Llamé, llamé como la náufraga dichosa

a las olas verdugas

que conocen el verdadero nombre

de la muerte.


He llamado al viento,

le confié mi ser.


Pero un pájaro muerto

vuela hacia la desesperanza

en medio de la música

cuando brujas y flores

cortan la mano de la bruma.

Un pájaro muerto llamado azul.


No es la soledad con alas,

es el silencio de la prisionera,

es la mudez de pájaros y viento,

es el mundo enojado con mi risa

o los guardianes del infierno

rompiendo mis cartas.


He llamado, he llamado.

He llamado hacia nunca.


*




La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada

el aire arroja odio

embellecido su rostro

con música.


Pronto nos iremos

Arcano sueño

antepasado de mi sonrisa

el mundo está demacrado

y hay candado pero no llaves

y hay pavor pero no lágrimas.


¿Qué haré conmigo?


Porque a Ti te debo lo que soy


Pero no tengo mañana


Porque a Ti te... La noche sufre.


*




no sé si pájaro o jaula

mano asesina

o joven muerta jadeando en la gran garganta oscura

o silenciosa

pero tal vez oral como una fuente

tal vez juglar

o princesa en la torre más alta.